Juliana Barrera Merchán

Juliana Barrera Merchán

Fashion Marketing
LCI Bogotá

Reflejo en el espejo

Ya todo está dicho. Los personajes principales como en cine mudo, actuaron, y quienes quisieron hablar de ellos se pusieron en sus zapatos y les dieron voz, siempre tan clichés, se fueron por lo obvio, ¿pero a mí? ¿Quién me dio vida a mí? Nadie nunca se enteró que fue gracias a mí que este maravilloso viaje se dio, si no fuera por la vanidad y fantasía que prometo, ella no hubiese tenido las agallas de arriesgarse por más. Ahora, ¿por qué un pavo real? Y no tal vez un leopardo o una pantera negra? A decir verdad ni siquiera ese pavo le dio las alas a esta soñadora para elevarse, ¡Por favor! es más que lógico, ni siquiera ellos pueden volar. Esas alas las di yo y solo yo, porque soy el único que logra engrandecer las expectativas de una persona al ver su reflejo en mí, y aun así permitirles ver su triste realidad, y a pesar de ello, ella fue mas allá; debo admitir que no fue cobarde ni un instante, seguramente si otra niñita de sociedad lo hubiera hecho habría caído al suelo de inmediato. Pero ella, ella si que quería hacerlo. Respondiendo las preguntas de unas líneas atrás, ella decidió escoger el pavo real por la misma codicia y jactancia que la consumían, de por si ya su rostro se demudaba en león y por mas que mi silencio fuera inminente, yo confiaba en su fuerza y coraje. Eran tiempos nublados, ni ella ni ningún otra mujer podía tener algún criterio sobre cualquier argumento, era deprimente. Mi labor no era otra que darles vigor cada mañana cuando en lo mas íntimo recurrían a mí para intentar despejar sus mentes, conocerse, pensar, crear, imaginar y soñar. De pronto un día ella dejó de verse a sí misma de la manera que solía hacerlo, con menosprecio y desanimo; ya no quería ese régimen en el cual vivía a diario. Fue tan fuerte su impulso, que arrastró a muchas tras su “rebelión”. Desde muy pequeña su mirada era la misma, una mirada de valor y tenacidad que con los años y tiempos difíciles se opacó, pero luego de tanto tiempo de verla a los ojos, notaba que ella no era como las otras, ella iba directo al alma y esas cosas que no entendemos como se llaman, pero que sabemos son profundas y ambiguas. Cuando alguien más se acercaba a mi verdad, se fijaban en lo primero, en “el estuche” como lo suelo llamar. Finalmente el día llegó, y conmigo se subió a explorar el mundo en un pavo real, reitero, no porque él volará, sino porque ella finalmente fue la dueña de su historia. No tengo nada en contra de ese pavo, es precioso en realidad, pero me cansé de escuchar todos los mitos sobre esta historia, en el que los créditos se los lleva él, cuando aquí todos sabemos qué fue lo que en realidad pasó. Fui su reflejo real, el verdadero y lo sería por siempre, soy y seré el espejo de quien quiera, pero de ellos depende lo que aparezca en frente. Por mi parte termino esta historia con satisfacción absoluta de saber que ella por fin viajó a sus ilusiones y a sus mundos de fantasía, a responder las preguntas que durante toda su vida quiso confrontar, llevándome en su mano y en la otra un puñado de seguridad y gallardía.

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